A PROPÓSITO DE LA POESÍA

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RODRIGO TIRADO AGUAS

Rodrigo Tirado Aguas

Rodrigo Tirado Aguas

Nos hemos reunido aquí para brindarle un pétalo de esperanza a la vida y decirle a la muerte que por los menos hoy no nos interesa.

Estamos porque creemos que la palabra no se marchita y que tampoco hay que salarla para que no se pudra. Los que creemos en la altivez del camello a pesar de su joroba y los que como felinos acechamos la piel de la madrugada con una pluma entre los dedos.

Los que remamos en la superficie de la hoguera y buceamos hasta los confines del misterio.

Estamos aquí los que creemos que la palabra es un higuerón inmenso de cuya leche se saca la verdad, esa verdad que alimenta la pupila del que quiere ver, o un riachuelo de piedras bulliciosas para el que quiere oír.

        Los que creemos que el firmamento no es sólo un telón pintado de azul, sino que es el cielo raso que nos separa de la dulce alegría de ser cada vez más libres, más nobles y más puros.

        Estamos los que conocemos la irreverencia pero practicamos el respeto. Los que censuramos la semilla que no germina, pero que la comprendemos. Estamos aquí los que creemos que el viento se puede encerrar en una jaula para oírlo cantar al compás de los murciélagos.

        Por eso estamos aquí: para agrandar la sombra del árbol y orientar la mirada del sol hacia las trochas abiertas por la nostalgia. Estamos aquí los que somos capaces de oír el cacareo titilante de la mujer que nos sueña, la que nos alegra con su espuma y nos arrastra carne adentro sin vela y sin timón. Qué bien que estamos aquí los que hemos llorado ante una hoja en blanco sin poder exprimir una gota de palabra para la vida.

        Los que hemos recorrido los viñedos de la eternidad buscando savia para el tintero.

        Estamos los que hemos zurcido con alambre la vigilia tormentosa de la espera.

Qué bien que estamos aquí los que permitimos que el grito flote hasta llegar a la hermosura.

        Estamos aquí los que hemos visto la cobardía del león y la sapiencia y la valentía de la hormiguita.

Por eso estamos aquí: porque hemos detallado uno por uno los defectos de la muerte.

Los que dejamos en el museo de la humanidad, el odio, la envidia y el orgullo que nos columpiamos en el tesón, la rectitud y la humildad.

Qué saludable es que estemos aquí los que queremos ver un mundo nuevo donde los pajaritos no tengan un pentagrama para poder cantar, ni los humanos fronteras para poder amar.

Pero sobre todo, señores, estamos aquí los que aún creemos en la inocencia y la ternura de las flores, y somos capaces de detener la cauchera que pretenda matar un pajarito.

Diciembre de 1987

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